Lo merece?

Las frases hechas, la credibilidad que le damos a esos dos o tres renglones extravagantes que alguien, algunos o muchos, se encargaron de redactar haciendo arte de la paradoja.
Uno de esos “dichos populares” me recordó que por 100 años –cantidad de tiempo que no creo llegar a cumplir- todo me será perdonado, ya que de niño, a los 8 ó 9 años, entraba a los supermercados Tía y paseando entre las góndolas, me devoraba las golosinas sin pagarlas.

Quién, o quienes escribieron esos “Populismos”? alguien me contó, hace varios años, que fueron los mismos que me asignaron el color celeste al nacer, porque mi miembro masculino así lo exige; otro, “sacador” de conclusiones, deliraba con que esas frases las escribió el mismo Dios, porque son absolutamente ciertas. Pero la realidad que llega de la mano de la experiencia analizada nos demuestra que aquel que me habia dicho eso, sobre el color celeste, está mas cerca de lo que verdaderamente ocurre.
Los conductores del mundo son los que ponen las reglas, los que escriben la historia, los mismos que programan la educación y nos dicen que es arte y que no, son los que apuntan con el dedo y declaran a unos santos y a otros demonios, son los que no dan explicaciones que hacen con sus millones invertidos para sostener la pobreza y la desigualdad.

El ejemplo más directo que tenemos los argentinos, en medio de una campaña legislativa, es lo que hace uno de los candidatos que se ha enriquecido durante la dictadura económica, durante los años 90. Alrededor de cincuenta o sesenta millones de dólares, esta cifra que representa solo un porcentaje del total de su patrimonio, es lo que “invirtió” el segundo candidato en intención de votos en la provincia de Buenos Aires, para las legislativas del 28 de Junio.
¿Se puede llamar inversión a esa suma exuberante de dinero, cuando no es la sociedad la que se beneficia? Uno podría pensar que invirtiendo algo, no todo, en virtud social hubiese sido la mejor propaganda política que éste “buen hombre”, con propuestas desconocidas, haya tenido jamás.
Quizás la intención no fue esa y nos mostró la propuesta real de su campaña, “Mi mundo, yo y mi otro yo”.

Un diputado nacional, que se postula a diputado nacional para conseguir una prórroga en su puesto, un empresario -sin faltantes y muchas sobras- que dice ser más progre que la izquierda, el mismo hombre que cumple una función pública inactiva, que estuvo ausente el 90% de las veces que se lo solicitaba el parlamento para votar una ley, o peor aún, jamás propuso una idea, nunca.

Este hombre implantó la zona liberada en capital federal y alrededores, con la creación del “Mapa de la Inseguridad”, con denuncias de vecinos que coquetean con el chiste y la cargada, aportando lo mismo que el humo del cigarro a los pulmones, o el paco a la sociedad des-esperanzada, o la mugre y la roña al contaminado riachuelo.

Realmente ¿merece cuatro años más para pensar en nada?

Martín Suárez.

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