Esas almas amarillas

Cuántas cosas habremos dejado pasar delante nuestro sin prestarle la mas insignificante atención, así es como a veces vivimos ciertas etapas de la vida. De jóvenes buscando revolución hasta debajo de una hoja, a mediana edad dejando de lado esas cosas que nos hacían tan bien, y ya de grandes aburguesados, de mente o de bolsillo, nos olvidamos enterrando definitivamente aquello que nos motivaba a vivir.

Es en ese lugar de tiempo y espacio que probablemente uno se encuentre desgastado, abrumado por tanta lucha (los que la tuvieron) y se termine entregando a ese sector que tantos años repudió (demos gracias los jóvenes que esto no ocurre en todos los casos), pero será eso simplemente, cansancio de tanto tiempo de lucha, derrota de ver todos su sueños truncados o es que en verdad siempre pensaron y quisieron actuar así? No quiero ser sentencioso, siempre hay un poco de esto y otro de aquello, sobre todo de obstinación cuando se pretende ocultar lo categórico, lo que una pequeña porción de tierra latinoamericana, empobrecida por el imperio de turno, pudo demostrar durante 50 años; tener la mejor educación primaria, secundaria y universitaria del mundo, demostrar que en materia de salud son insuperables en asistencia, pero sobre todo en prevención de las enfermedades, invertir en arte y cultura que engrandece la sensibilidad de niños, jóvenes y adultos, que no exista la pobreza porque existe la igualdad entre todos, que la ínfima cantidad de personas que está en la cárcel (por delitos menores) se reintegra a la sociedad y no vuelve a delinquir.

Pero aquí, en este lado del mundo se siguen escuchando frases como... “ya está olvidémonos del pasado”... “por favor siempre removiendo la mierda” o la última al mejor estilo amarillo... “hay que ser PRO y mirar para adelante”, éstas son las que utilizan algunos de los nombrados que entran en esa edad de anti-jubilo, con o sin dinero, o los educandos por estos, que en avanzada edad, superaran los límites de sus educadores.

Cuántas ramas podríamos desenredar de estas frases hechas que se usan de escudo al temor de la discusión, porque aquí tenemos que reubicar esos pensamientos sectarios, en NO analizar la cuestión, No regañar el pasado, NO remover el estiércol de los motivos de pobreza y delincuencia, no discutir estos temas de raíz es no querer escrutar que esas ideologías son la representación en carne y hueso de una ignorancia y tosquedad insuperables.

No remover el pasado para las almas amarillas, representa evitar la discusión social, la redistribución de la riqueza, el juicio y castigo a los culpables, en síntesis, es no discutir el presente; porque ese pasado lleno de equivocaciones hizo pie en lo contemporáneo, se adapto, se instaló y ya es usual, normal, hasta digamos que algunos quedarían desorientados si no ven chicos durmiendo a la intemperie o pidiendo dinero.

Los ojos que están habituados a chocarse cada día con esas imágenes y que aún así mantienen o refuerzan esa postura ideológica, son los mismos que no resisten una discusión, que ante la escucha de ideas sociales se horrorizan y ponen el grito en el cosmos, no aceptan esa voz que es diferente a todo lo que le enseñaron, que éste sistema sanguinario les fue imponiendo. Será por eso que si rascamos con la uña en su “cascarita ideológica”, no aparecen glóbulos para mantener sana la piel de sus ideas.

La habitualidad de las cosas, del hambre y la pobreza, de escuelas privadas, de la medicina prepaga, ya son usanza, entonces... Cómo discutir con una criatura y convencerlo que antes de la computadora y el celular existían la pelota y la bicicleta?

Martín Suárez

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